El analista económico Francisco Mendoza, en entrevista con Manavisión Plus, explicó que la actual guerra en Medio Oriente configura un escenario complejo, marcado por una reacción inusual de los mercados financieros frente a episodios de alta tensión geopolítica. A diferencia de conflictos recientes, el comportamiento bursátil ha sido más cauteloso y menos volátil de lo esperado.
Según Mendoza, los ataques y bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán ya se venían anticipando desde semanas atrás. Sin embargo, el impacto inicial en los mercados, especialmente en el estadounidense, no replicó las caídas abruptas observadas durante enfrentamientos previos de corta duración registrados meses atrás.
El analista señaló que, pese a la gravedad del conflicto, varias acciones y empresas mostraron incluso incrementos en su cotización. Este fenómeno responde a una adaptación progresiva de los mercados ante eventos extraordinarios, que hoy son procesados con mayor prudencia y sin reacciones de pánico inmediato.
Mercados financieros y percepción del riesgo
Mendoza explicó que, en el último año y medio, la economía global ha enfrentado múltiples acontecimientos fuera de lo convencional, lo que ha generado una mayor tolerancia al riesgo. Esta situación reduce sobresaltos inmediatos, aunque también puede ocultar impactos que se manifiestan con rezago.
La medición económica real, advirtió, se observará en los próximos días, cuando se evalúe el efecto acumulado del conflicto sobre indicadores clave. Uno de los factores centrales será el precio del petróleo, variable que conecta este escenario con otros conflictos activos a escala internacional.
El contexto se vuelve más complejo al considerar la relación entre el Medio Oriente y el conflicto entre Rusia y Ucrania. Mendoza indicó que un incremento en el valor del crudo favorece a Rusia, al permitirle mayores ingresos que podrían destinarse a financiar su ofensiva militar, generando un efecto en cadena.
Petróleo, oferta y riesgos de suministro
De acuerdo con información revisada por el analista, el barril de petróleo llegó a cotizarse alrededor de los 82 dólares, reflejando una presión al alza frente a los promedios previos. No obstante, el comportamiento del precio sigue sujeto a alta volatilidad, dependiendo de la duración e intensidad del conflicto.
Mendoza explicó que existe un riesgo real de interrupción en el suministro global de crudo, ya que una parte significativa de la comercialización petrolera transita por la región afectada. A ello se suma el cierre temporal de refinerías en zonas estratégicas, como Dubái, debido a la inestabilidad.
La incertidumbre incrementa los precios ante la posibilidad de una reducción del flujo productivo. Antes del conflicto, el barril promediaba los 60 dólares, con una producción estable y una política de aumento de oferta impulsada por la OPEP para contener precios.
Sin embargo, el analista aclaró que la clave no está solo en el riesgo, sino en la duración del conflicto. Mientras no exista claridad sobre los objetivos finales ni un horizonte temporal definido, cualquier proyección sobre precios futuros se mantiene en el terreno de los supuestos.
Comparación con otros conflictos internacionales
Al comparar este escenario con el conflicto entre Rusia y Ucrania, Mendoza sostuvo que los impactos económicos globales no son equivalentes. La guerra en Europa del Este afectó directamente cadenas de suministro esenciales, como el maíz y el aceite de girasol, generando inflación a escala mundial.
En Ecuador, recordó, estos efectos se sintieron con claridad en el incremento de precios de productos básicos, lo que incluso derivó en protestas sociales. En contraste, el conflicto actual tendría un impacto económico menor, siempre que no se prolongue de forma indefinida.
No obstante, el analista subrayó que esta situación también abre oportunidades para países como Ecuador, que podrían suplir ciertos mercados ante restricciones logísticas en África o Medio Oriente, si se actúa con una estrategia comercial adecuada.
Implicaciones para Ecuador y América Latina
Mendoza indicó que el Gobierno ecuatoriano había enfocado esfuerzos comerciales en países del Medio Oriente, como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, con los que el intercambio comercial aún es reducido, aunque con alto potencial de inversión.
La inestabilidad regional obliga ahora a buscar alternativas, especialmente en Asia, para compensar eventuales caídas en inversión extranjera directa. En términos de exportaciones, el impacto sería limitado, dado que los volúmenes hacia esa región no representan un peso significativo.
Sin embargo, el analista advirtió que productos de lujo o con alto valor agregado, como el chocolate ecuatoriano, podrían enfrentar una menor demanda, lo que exige medidas de mitigación para proteger a los sectores productivos involucrados.
Guerra arancelaria entre Ecuador y Colombia
En el ámbito regional, Mendoza analizó la guerra arancelaria entre Ecuador y Colombia, señalando que su impacto económico es significativo y que existe un fuerte componente político detrás de las decisiones adoptadas. Explicó que la denominada tasa de seguridad aplicada a productos colombianos carece de sustento económico.
Desde su análisis, existen mecanismos diplomáticos más eficaces para exigir controles fronterizos, sin recurrir a medidas que distorsionan el comercio y generan incertidumbre en el sector empresarial de ambos países.
Empleo, comercio y efectos a mediano plazo
En este contexto de guerra comercial, Mendoza advirtió que alrededor de 200.000 personas dependen del intercambio bilateral, por lo que el impacto es considerable para Ecuador, cuya economía es tres veces menor que la colombiana.
Aunque el Gobierno ha señalado que el empleo no se ha visto afectado, el analista explicó que los efectos de los aranceles no son inmediatos. Antes de su aplicación, las exportaciones se incrementaron de forma anticipada, lo que distorsiona las cifras iniciales.
Los verdaderos efectos, indicó, se reflejarán en los próximos reportes del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), cuando se evidencie la reducción de ventas, el aumento de costos y la consecuente pérdida de empleos, especialmente en provincias fronterizas como Carchi.
